Estoy cursando el segundo año de mi carrera de Coaching en IAD. Me espera un año lleno de desafíos para poder certificar pero me siento confiada y apoyada por los docentes y directores de la escuela.
Después del receso extrañaba los encuentros semanales ya que fueron una caricia para el alma. Con las compañeras, de la mano de los docentes, fuimos tejiendo lazos de afecto, hermanadas
por las experiencias compartidas y el ferviente deseo de crecer…
Y más allá si deseamos el día de mañana de ejercer como coach, nos llevamos con nosotros muchas y nuevas herramientas para nuestra vida cotidiana…
Son esos aprendizajes que marcan un antes y un después en nuestras vidas…
Porque aprendimos a conocernos…
A escuchar nuestras emociones…
A perdonarnos..
A no exigirnos…
A no culparnos…
A emponderarnos…
A mejorar nuestros diálogo interno…
A descubrir talentos que antes desconocíamos…
A vibrar en una sintonía de amor que se traduce en saber valorarnos…
Es desde ese nuevo lugar que nos ubicamos, que podemos escuchar a quienes nos rodean…
Perdonar a los demás…
A no exigir ni culpar al otro porque aprendimos a validar a cada individuo como es, único y especial, cómo cada uno de nosotros…
Y nuestra comunicación paso a ser otra y mejoran nuestras relaciones…
Y es entonces que podemos ayudar a iluminar a nuestro alrededor porque aprendimos a ser seres de luz…
A despertar nuestra Chispa Divina que todos llevamos dentro…
A comprobar con cada clase, que valiosa es nuestra Tora, ese legado milenario pero a la vez tan actual y compatible con todos los temas que aprendemos…
Porque el coaching es, principalmente, una oportunidad de hacer un viaje de auto conocimiento…
Gracias IAD y IKC coaching por facilitar de forma tan amorosa, a que podamos realizar ese viaje …
Betina Salmun Kopyto